No somos lo que nos falta. Somos…todo lo que somos capaces de dar.

Marc, y Alex, ambos con deleción 16p11.2 (padre e hijo)

El ruido de dentro

Soy Marc, 41 años, de Terrassa, Barcelona. Y durante mucho tiempo sentí… que no encajaba en ningún sitio.

Me costaba concentrarme. Terminar lo que empezaba. Callar mi mente… Como si dentro de mi cabeza hubiera ruido constante. Como si todo fuera cuesta arriba… sin saber por qué.

Siempre me ha costado entender muchas cosas. Necesitaba más tiempo. Repetir. Volver a empezar. Afianzar poco a poco. Mi aprendizaje nunca fue rápido. Nunca fue fácil. Era más lento de lo normal… Y eso hacía que nunca cumpliera las expectativas de “lo normal”.

Y si a eso le sumas… que me despisto con facilidad, que mi mente se va sin avisar… todo se volvía aún más difícil.

Aprender… se convertía en una lucha constante.


Las palabras que te definen

Y mientras tanto, ahí fuera… siempre lo mismo:

“Eres lento.” “Eres vago.” “No prestas atención.”

Palabras que se repiten… hasta que dejan de ser palabras y se convierten en lo que crees que eres.

Y poco a poco… entre esa presión… y mi propia frustración… dejé de intentarlo. Perdí el interés. Dejé de esforzarme. Me rendí… sin darme cuenta.

Crecí pensando que había algo mal en mí. Que simplemente… no daba para más.


El día que lo cambió todo

Hasta que llegó el día que lo cambió todo. El embarazo de mi hijo, Alex.

Una consulta. Una sala fría. Y una frase… que lo rompió todo.

Deleción 16p11.2.

Una pequeña parte de su ADN que faltaba. Invisible… pero capaz de cambiarlo todo. Su desarrollo. Su aprendizaje. Su forma de ver el mundo.

Sentí miedo. Un miedo que te paraliza. Que te ahoga. Por él. Por su futuro. Por todo lo que no sabía.

Pero lo que no esperaba… es que esa historia… también fuera la mía.

Nos hicieron pruebas. Y entonces… llegó la verdad.

Yo era el portador.

Y en ese instante… todas las piezas encajaron. Mi infancia. Mis dificultades. Mi TDAH. Esa mente que nunca se apaga. Esa lucha constante por enfocarme… por no perderme… por no romperme.


La culpa

Pero junto a la respuesta… llegó algo peor. La culpa.

Una culpa que no pide permiso. Que cae como un golpe seco. Que te aprieta el pecho… y no te deja respirar.

Pensar que fui yo. Que salió de mí. Que su camino… podría ser más difícil… por mi culpa.

Y eso… eso no se puede explicar con palabras.

Porque cuando miras a tu hijo… tan pequeño… tan puro… Lo único que quieres… es protegerle de todo. De todo.

Y yo sentí… que le había fallado incluso antes de nacer.


Lo que el tiempo enseña

Pero el tiempo… también te enseña.

Y entendí algo. No lo elegí. No es un castigo. No es un error. Es genética. Es vida. Es parte de nosotros.

Y mi hijo Alex… no es una deleción. No es un diagnóstico. Es su sonrisa. Es su mirada. Es lo que me hace levantarme cada día.

Y yo… yo no soy solo TDAH. No soy lo que dijeron de mí. Soy alguien que ha caído… y sigue de pie. Que lucha. Que aprende… a su ritmo. Que avanza, aunque sea paso a paso. Que ama… con todo lo que tiene.


Nuestro camino

Puede que nuestro camino no sea fácil. Pero es el nuestro. Y lo vamos a recorrer juntos. Paso a paso. Sin rendirnos.

Porque no somos lo que nos falta. Somos… todo lo que somos capaces de dar.

No soy lo que dijeron de mí.

Soy alguien que ha caído… y sigue de pie.

Que lucha.

Que aprende… a su ritmo.

Que avanza, aunque sea paso a paso.

Que ama… con todo lo que tiene.

Puede que nuestro camino no sea fácil.

Pero es el nuestro.

Y lo vamos a recorrer juntos.

Paso a paso.

Sin rendirnos.

Porque no somos lo que nos falta.

Somos…

todo lo que somos capaces de dar.